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Armarse un taco con algo.

No presentamos opinión alguna (ojo), sino datos puros. Es como si nos convirtiéramos en una computadora que sólo hace eso, dar la información que es requerida. En una reunión el líder puede decir: “ Señores, es necesario que nos pongamos el sombrero blanco respecto a las fallas que se producen en la línea 2” y todos darán información sobre estas fallas, no opiniones, sino datos y hechos. El gran problema que existe es que normalmente pedimos información del tipo sombrero blanco y recibimos una mezcla de datos con opiniones personales que se cuelan como datos y no podemos distinguir el límite entre uno y el otro, lo que le hace perder eficacia. Este es el famoso telefono malogrado que desterraremos con el sombrero blanco. ¡Y qué finos instrumentos de observación son nuestros sentidos! El olfato, por ejemplo, del que ningún filósofo ha hablado con veneración y gratitud, es hoy por hoy el instrumento más sensible de que disponemos, siendo capaz de captar incluso diferencias mínimas de movimiento que ni aun el espectroscopio registra. Poseemos hoy ciencia exactamente en la medida en que nos hemos decidido a aceptar el testimonio de los sentidos; en que hemos aprendido a aguzarlos aún más, armarlos, llevarlos a sus últimas consecuencias. Todo lo demás es chapucería y seudociencia, quiere decir, metafísica, teología, sicología, teoría del conocimiento, o bien ciencia formal, ciencia de los signos, como la lógica y las matemáticas, esa lógica aplicada. Ellas no tratan de la realidad, ni siquiera como problema; tampoco de la cuestión del valor, de tal convencionalismo de signos, como es la lógica. La otra condición de los filósofos no es menos peligrosa; consiste en confundir lo último con lo primero. Sitúan lo que se presenta al final, ¡desgraciadamente, pues no debiera presentarse!, los “conceptos más elevados”, esto es, los más generales, los más vacíos, el último humo de la realidad que se evapora, en el comienzo, como comienzo. Se expresa una vez más su manera de venerar: según ellos, lo elevado no debe desprenderse de lo bajo, no debe desarrollarse, en fin... Moraleja: todo cuanto es de primer orden ha de ser causa sui. El origen extrínseco se considera una objeción, algo que pone en tela de juicio el valor. Todos los más altos valores son de primer orden; todos los conceptos más elevados, el Ser, el absoluto, el bien, lo verdadero, lo perfecto; todo esto no puede ser algo posible y, por ende, debe ser causa sui. Mas todo esto tampoco puede ser desigual entre sí, estar en contradicción consigo mismo... Así llegan a su estupendo concepto “Dios”... Lo último, lo más abstracto y huero es establecido como lo primero, como causa en sí, como ens realissimum,... ¡Por qué la humanidad habrá tomado tan en serio las afecciones cerebrales de sutiles enfermos! ¡Bien caro lo pagó! ... El hombre superior, séame permitido consignarlo, no es amigo de la “profesión”, porque tiene conciencia de su vocación... Él tiene tiempo, se toma todo el tiempo; no le interesa estar “listo”; a los treinta años se es, en el sentido de elevada cultura, un principiante, un niño. Nuestros colegios colmados y nuestros profesores de enseñanza secundaria abrumados de trabajo y entontecidos son un escándalo; para defender tales estados de cosas, como lo hicieron el otro día los profesores de Heidelberg, existen tal vez causas, pero no ciertamente razones. Para no desmentir mi modo de ser, que es afirmativo y que sólo en forma mediata, involuntaria, tiene que ver con la objeción y la crítica, consigno a renglón seguido las tres tareas para las cuales son menester educadores. Hay que aprender a ver, hay que aprender a pensar y hay que aprender a hablar y a escribir; todo esto con miras a adquirir una cultura aristocrática. Aprender a ver, habituar la vista a la calma, la paciencia, la espera serena; demorar el juicio, aprender a enfocar desde todos lados y abarcar el caso particular. He aquí el adiestramiento preliminar primordial para la espiritualidad; no reaccionar instantáneamente a los estímulos, sino llegar a dominar los instintos inhibitorios, aisladores. Aprender a ver, como yo lo entiendo, es casi lo que el lenguaje no filosófico llama la voluntad fuerte; lo esencial de ésta es precisamente no “querer”, ser capaz de suspender la decisión. Toda falta de espiritualidad, toda vulgaridad obedece a la incapacidad para resistir a los estímulos, que fuerza al individuo a reaccionar y seguir cualquier impulso. En muchos casos, esta incapacidad supone morbosidad, decadencia, síntoma de agotamiento; casi todo lo que la grosería poco filosófica designa con el nombre de “vicio”, se reduce a esa incapacidad fisiológica para no reaccionar. Una aplicación práctica de este aprendizaje de la vista es la siguiente: en todo aprender el individuo se vuelve lento, receloso y recalcitrante. Lo extraño, lo nuevo, de cualquier índole que sea, lo deja por lo pronto acercarse a él con una calma hostil, retirando la mano. El estar con todas las puertas abiertas, la postración servil ante cualquier pequeño hecho, el sentirse dispuesto en todo momento a meterse, precipitarse sobre el prójimo y lo ajeno; en una palabra, la famosa “objetividad” moderna es mal gusto, lo antiaristocrático por excelencia. Aprender a pensar: se ha perdido la noción de esto en nuestros establecimientos de enseñanza. Hasta en las Universidades, incluso entre los estudiosos propiamente dichos de la filosofía, la lógica empieza a extinguirse como teoría, como práctica, como oficio. Leyendo libros alemanes, ya no se descubre en ellos el más remoto recuerdo de que el pensamiento requiere una técnica, un plan didáctico, una voluntad de maestría; que hay que aprender a pensar como hay que aprender a bailar, concibiendo el pensamiento como danza... ¿Dónde está el alemán que conozca todavía por experiencia ese estremecimiento sutil que los pies ligeros en lo espiritual irradian a todos los músculos? La rígida torpeza del ademán espiritual, la manera desmañada de asir, son tan alemanas, que en el exterior suele considerárselas lo alemán. El alemán no tiene el sentido del matiz... El que los alemanes hayan siquiera aguantado a sus filósofos, sobre todo al eximio Kant, el lisiado más contrahecho que se ha dado jamás en el reino de los conceptos, dice demasiado de la gracia alemana. Sabido es que la danza, en todo sentido, está inseparablemente ligada a la educación aristocrática. Si hay que saber bailar con los pies, con los conceptos, con las palabras: ¿es necesario agregar que hay que saber bailar también con la pluma, que hay que aprender a escribir? Mas llegado este punto es posible que yo me convierta en un completo enigma para los lectores alemanes... El criminal y lo que es afín. El criminal es el tipo del hombre fuerte bajo condiciones desfavorables, un hombre fuerte enfermo. Le falta la “selva”, cierta naturaleza y forma de existencia más libres y peligrosas, donde esté justificado todo lo que es arma y armadura en el instinto del hombre fuerte. Sus virtudes están proscritas por la sociedad; sus impulsos más vivos no tardan en ligarse con los afectos depresivos, con el recelo, el miedo y el deshonor. Mas esto es casi la receta para la degeneración fisiológica. Quien hace subrepticiamente lo que mejor sabe hacer y que más le gustaría hacer, con sostenida tensión, cautela y astucia, se vuelve anémico, y como sus instintos siempre le valen tan sólo peligro, persecución y fatalidad, también su sentir se vuelve contra estos instintos los siente de manera fatalista. En la sociedad, nuestra sociedad mansa, mediocre y castrada, es donde el hombre natural, que viene de la montaña o de las aventuras del mar, degenera necesariamente en criminal... O casi necesariamente, pues casos hay en que tal hombre resulta ser más fuerte que la sociedad. El corso Napoleón es el más famoso de ellos. Respecto al problema que aquí se plantea, es importante el testimonio de Dostoievsky, el único sicólogo, dicho sea de paso, que tuvo algo que enseñarme, constituyendo una de las venturas más sublimes de mi vida, en mayor grado aún que el descubrimiento de Stendhal. Este hombre profundo, quien tuvo diez veces razón de despreciar a los alemanes superficiales, sintió a los presidiarios siberianos, con los que convivió durante largo tiempo, criminales sin excepción, para los cuales no había retorno -posible al seno de la sociedad, a pesar de lo que Dostoievsky supusiera: tallados poco más o menos en la madera más dura y preciosa que crece en tierra rusa. Generalicemos el caso del criminal; imaginemos a hombres a los que por cualquier razón se niega la sanción pública y que saben que no se los tiene por útiles: ese sentimiento tshandala de saberse considerado no como un igual, sino como proscrito, indigno e impuro. Todos los pensamientos y actos de estos hombres ostentan el color de lo que vive bajo tierra; en ellos todo se torna más pálido que en aquellos cuya existencia está bañada en la luz del día. Mas casi todas las formas de existencia que hoy exaltamos-el carácter científico, el artista, el genio, el espíritu libre, el actor, el mercader, el gran descubridor se desenvolvieron en un tiempo en esta especie de lobreguez sepulcral... Mientras el sacerdote era reputado el tipo más alto, todo tipo humano valioso estaba desvalorizado... Día llegará, lo prometo, en que se lo reputará el tipo más bajo, nuestro tshandala, el tipo humano más mendaz e indecente... Llamo la atención sobre el hecho de que todavía hoy, bajo el régimen de las costumbres más suaves que se ha dado jamás, por lo menos en Europa, todo aparte, todo debajo prolongado, excesivamente prolongado, toda forma de existencia insólita, opaca, aproxima a ese tipo que el criminal representa. Todos los innovadores del espíritu llevan durante un tiempo estampado en la frente el signo fatal y fatalista del tshandala; no porque se los sienta como tales, sino porque ellos mismos sienten el pavoroso abismo que los separa de todo lo tradicional y sancionado. Casi todos los genios conocen como una de sus evoluciones la “existencia catilinaria”, un sentimiento de odio, venganza y rebeldía dirigido contra todo lo que ya es, en vez 'de devenir... Catilina; la forma de preexistencia de todo César. Aquí la vista es libre. Puede ser riqueza de alma si un filósofo calla; puede ser amor si se contradice a sí mismo; cabe una cortesía mentirosa del cognoscente. No dejan de tener un sentido sutil estas palabras: el est indigne des grands coeurs de répandre le trouble, qu'ils ressentent; sólo cabe agregar que no temer ni a lo más indigno puede también ser grandeza del alma. La mujer que ama sacrifica su honor; el cognoscente que “ama” sacrifica acaso su humanidad; un dios que amó se hizo judío...

Estar al loro.

Volvamos a Ricardo. Scorts en Madrid Si el tiempo de circulación fuese = 0 y, por tanto, el periodo de rotación igual al período de trabajo, el número de rotaciones sería igual al número de períodos de trabajo al cabo del año. Con un período de trabajo de cinco semanas tendríamos, pues, que 50/5 semanas = 10, y el valor del capital sujeto a la rotación, sería en este caso = 500 X 10 = 5,000. En nuestro cuadro, en que se supone un tiempo de circulación de 5 semanas, se producen al cabo del año, igualmente, mercancías por valor de 5,000 libras esterlinas, pero de ellas 1/10 = 500 libras aparecen constantemente bajo la forma de capital–mercancías, que sólo se recupera a la vuelta de 5 semanas. Al final del año, el producto del décimo periodo de trabajo (semanas de trabajo 46–50) sólo habrá recorrido su ciclo de rotación en una mitad, puesto que su tiempo de circulación coincidirá con las 5 primeras semanas del año siguiente. Escorts Costa Brava Puesto que el obrero invierte la mayor parte de su salario en medios de sustento y su casi totalidad en artículos de primera necesidad, llegaremos a la conclusión de que la demanda de fuerzas de trabajo por parte del capitalista es, al mismo tiempo, indirectamente, demanda de los medios de consumo que entran en el consumo de la clase obrera. Pero esta demanda es = v, ni un átomo mayor (si el obrero ahorra una parte de su salario –dejando a un lado aquí, necesariamente, todos los factores de crédito–, ello equivale a decir que atesora una parte de su salario, con respecto a la cual no pone en juego la demanda, no actúa como comprador). El límite máximo de la demanda del capitalista es = C = c + v, pero su oferta es =c + v + p. Por tanto, si la composición de su capital –mercancías es de 80 c + 20 v + 20 b, su demanda será = 80 c + 20 v, y por tanto, en cuanto a su valor 1/5 menor que su oferta. Cuanto mayor sea el porcentaje de la masa p por él producida (es decir, la cuota de ganancia), menor será su demanda en relación con su oferta. Si bien la demanda de fuerza de trabajo por parte del capitalista y, por tanto, indirectamente, de artículos de primera necesidad, va disminuyendo progresivamente a medida que se desarrolla la producción con respecto a su demanda de medios de producción, no debe olvidarse, por otra parte, que su demanda de Mp es siempre menor que su capital, calculado un día con otro. Por eso su demanda de medios de producción tiene que encerrar siempre, necesariamente, menos valor que el producto–mercancías del capitalista que le suministra estos medios de producción, suponiendo que opere con el mismo capital y que las demás circunstancias sean idénticas. El hecho de que se trate de muchos capitalistas y no de uno solo, no altera para nada los términos del problema. Suponiendo que su capital sea de 1,000 libras esterlinas y la parte constante del mismo = 800 libras esterlinas, su demanda será, en conjunto, 800 libras esterlinas; entregarán conjuntamente por 1,000 libras esterlinas (cualquiera que sea la parte que corresponda a cada uno de ellos y la parte alícuota que represente dentro del capital total), a base de la misma cuota de ganancia, medios de producción por valor de 1,200 libras; por tanto, su demanda sólo cubrirá 2/3 de su oferta, mientras que su propia demanda total sólo será, considerada en cuanto a la magnitud de valor = 4/5 de su propia oferta. http://www.girlsbcn.com.es Podríamos explicar esto a la luz de un ejemplo sacado de la historia de la química. Scorts en Barcelona Pasemos ahora a la reproducción. Supongamos que el capitalista consume toda la plusvalía d y sólo vuelve a invertir en capital productivo la suma primitiva del capital C. Aquí, la demanda del capitalista se halla equiparada a su oferta. Pero no con relación al movimiento de su capital, pues como capitalista sólo ejerce una demanda equivalente a 4/5 de su oferta (considerada en cuanto a su magnitud de valor; 1/5 lo consume como no capitalista, no en su función de capitalista, sino para satisfacer sus necesidades privadas o sus placeres). Putas Madrid Las 5,000 libras esterlinas del capital B se invertirán entonces en 5 semanas, a razón de 1,000 libras por semana, lo que supone una inversión total de 50,000 libras al cabo del año. La plusvalía seguirá siendo, según nuestra hipótesis, = 50,000 libras esterlinas. El capital recuperado = 50,000 libras, dividido entre el capital desembolsado = 5,000 libras, da como resultado el número de rotaciones = 10. La cuota de la plusvalía Señoritas de compañía en valencia Hasta aquí, hemos partido del supuesto de que la reducción del tiempo de circulación en la industria X proviene del hecho de que X vende o cobra su mercancía más aprisa, o bien de que, caso de venderla a crédito, se acorta el plazo de pago. La reducción se deriva, pues, del hecho de acortarse el plazo de venta de la mercancía, el plazo de transformación del capital–mercancías en capital–dinero, M' – D, la primera fase del proceso de circulación. Pero podría derivarse también de la segunda fase D – M y, por tanto, de una modificación simultánea ya del período de trabajo, ya del tiempo de circulación de los capitales Y, Z, etc., que suministran al capitalista X los elementos de producción de su capital circulante. Escorts Fijémonos ahora en el tercer período de rotación. Es evidente que el capital de 500 libras desembolsado por tercera vez no representa un capital antiguo, sino un capital nuevo, recién producido, pues es simplemente la forma–dinero de la masa de mercancías producida en el segundo período de rotación, es decir, de la parte de esta masa de mercancías cuyo valor es igual al valor del capital variable desembolsado. La masa de mercancías producida en el primer período de rotación, se ha vendido ya. Su parte de valor igual a la parte variable de valor del capital desembolsado se ha transformado en la nueva fuerza de trabajo del segundo período de rotación y ha producido una nueva masa de mercancías que ha vuelto a venderse y una parte de valor de la cual forma parte el capital de 500 libras desembolsado en el tercer período de rotación. Putas en Gerona En segundo lugar, al enumerar las cosas que forman el capital fijo y el capital circulante, se ve claramente que A. Smith confunde la distinción entre los elementos fijos y circulantes del capital pro­ductivo, que sólo puede regir y tener un sentido con respecto a este capital (al capital en su forma productiva), con la distinción entre el capital productivo y las formas que corresponden al capital en su proceso de circulación: la del capital–mercancias y la del capital­ –dinero. El mismo dice, en este pasaje (p. 256): “El capital cir­culante consta... de las provisiones materiales y artículos acabados de todas clases, que se hallan en poder de los comerciantes respec­tivos, así como también del dinero necesario para hacerlos circular y efectuar la distribución, etc.” En realidad, si nos fijamos bien vemos que aquí, a diferencia de lo que ocurría antes, el capital cir­culante vuelve a equipararse al capital–mercancías y al capital–dinero, es decir, a dos formas de capital que no tienen nada que ver con el proceso de producción, que no son capital circulante por oposición al capital fijo, sino capital de circulación por oposición al capital productivo. Sólo al lado de éstas figuran luego las partes del capital productivo invertidas en materiales (materias primas o artículos a medio fabricar) e incorporadas realmente al proceso de producción. Véase lo que dice A. Smith. Escortservice Spanien El resultado –ya se transporten personas o mercancías– es el cambio operado en su existencia dentro del espacio, por ejemplo, el que el hilo se halle ahora en la India en vez de hallarse en Inglaterra, en el lugar de su fabricación. prostitutas de alto standing en barcelona El capital I ha recorrido cinco períodos de rotación completos y dos terceras partes del sexto. Al final del año, presenta la forma de capital–mercancías, al que le faltan todavía 3 semanas para su normal realización. Durante este tiempo, no puede entrar en el proceso de producción. Funciona simplemente como capital–mercancías: circula. Sólo ha recorrido 2/3 de su último período de rotación, sólo ha recuperado en 2/3 sólo 2/3 de su valor total han efectuado una rotación completa. Decimos: 450 libras esterlinas efectúan su rotación en 9 semanas, lo que equivale a 300 libras en 6 semanas. Este modo de expresarse omite las relaciones orgánicas existentes entre las dos partes integrantes específicamente distintas del periodo de rotación. El sentido exacto de la afirmación de que el capital de 450 libras esterlinas desembolsado ha efectuado 5 2/3 rotaciones sólo puede ser que ha efectuado cinco rotaciones completas y de la sexta solamente 2/3. En cambio, la afirmación de que el capital recuperado = 5 2/3 veces el capital desembolsado, o sea, en el caso anterior, = 5 2/3 X 450 libras esterlinas = 2,550 libras, encierra la aseveración exacta de que si este capital de 450 libras no se completase con otro de 450 libras, una parte de él tendría necesariamente que encontrarse en el proceso de producción y otra parte en el proceso de circulación. Para que el tiempo de rotación pueda expresarse en la masa del capital recuperado, tiene que expresarse en una semana del valor existente (en realidad, en una masa del producto terminado). El hecho de que el capital desembolsado no se presenta bajo una forma que le permita iniciar de nuevo el proceso de producción se revela en que sólo una parte de él se halla en condiciones de poder producir o de que, para encontrarse en condiciones de producción continua, el capital debiera dividirse en una parte que figurase constantemente en el período de producción y otra que apareciese constantemente en el período de circulación, según la relación existente entre estos dos períodos. Es la misma ley según la cual la masa del capital productivo en constante funcionamiento se halla determinada por la relación existente entre el período de circulación y el de rotación. francés completo barcelona Cuanto más breve sea el período de rotación del capital –cuanto más cortos sean, por tanto, los períodos en que sus plazos de reproducción se renueven dentro del año–, más rápidamente se transformará la parte variable del capital primitivamente desembolsado por el capitalista en forma de dinero en la forma–dinero del producto de valor creado por el obrero para reponer este capital variable (y que encierra, además, la plusvalía); menos durará, por consiguiente, el período durante el cual el capitalista necesita desembolsar dinero de su propio fondo; más pequeña será, en proporción con el volumen dado de la escala de producción, el capital adelantado en general por él y mayor, proporcionalmente, la masa de plusvalía que obtenga durante el año a base de una cuota de plusvalía dada, ya que podrá comprar con tanta mayor frecuencia, continuamente, a los obreros, con la forma–dinero de su propio producto de valor y poner así en movimiento su trabajo. barcelona saunas

Poner cara de pocos amigos.

Así, por ejemplo, si con los medios de transporte antiguos el algodón, el carbón, etc., tardan 3 semanas en llegar a su fuente de producción, o de sus depósitos hasta el centro de producción del capitalista X, es indudable que el mínimum de la reserva de producción de X hasta la llegada de nuevas reservas, deberá durar por lo menos 3 semanas. Mientras se hallen en camino, el algodón y el carbón no pueden ser útiles como medios de producción. Durante ese tiempo son, simplemente, objeto de trabajo de la industria del transporte y del capital invertido en ella, y para el productor de carbón y el vendedor de algodón capital–mercancías en estado de circulación. Supongamos que, al mejorarse los transportes, se reduzca la duración del viaje a 2 semanas. Esto permitirá reducir en la misma proporción, de 3 semanas a 2, la reserva de producción necesaria. De este modo, quedará disponible el capital adicional de 80 libras esterlinas desembolsado con este fin, y también el capital adicional de 20 libras para salarios, ya que el capital de 600 libras refluirá ahora una semana antes. erosbcn.com A pesar de que este caso representa siempre en la realidad una excepción casual, debe servirnos de punto de partida para nuestras consideraciones, por ser aquel en que los términos del problema se presentan de un modo más sencillo y más tangible. barcelona call girl “El inquilino por años sólo está obligado a mantener los edificios a prueba del agua y del viento, siempre y cuando que ello pueda hacerse sin recurrir a reparaciones sustanciales, y en general a costear solamente aquellas reparaciones que podemos llamar corrientes. E incluso desde este punto de vista deberán tenerse en cuenta la antigüedad y el estado general de las partes correspondientes del edificio en el momento en que el inquilino se hizo cargo de él, pues el inquilino no está obligado ni a reponer materiales viejos y desgastados por otros nuevos ni a reparar los deterioros inevitables causados por el transcurso del tiempo y el uso normal de los edificios” (Holdsworth, Law of LandIord and Tenant, pp. 90 y 91). bcngirls Tan pronto como la producción capitalista se adueña de la agricultura, o en el grado en que la somete a su poderío, la acumulación del capital que aquí funciona hace que aumente en términos absolutos la demanda respecto a la población obrera rural, sin que su repulsión se vea complementada por una mayor atracción, como ocurre en la industria no agrícola. Por tanto, una parte de la población rural se encuentra constantemente abocada a verse absorbida por el proletariado urbano o manufacturero y en acecho de circunstancias propicias para esta transformación. (La palabra “manufacturero”, tal como aquí se emplea, engloba a toda la industria no agrícola.)22 Como vemos, esta fuente de superpoblación relativa flota constantemente. Pero, su flujo constante hacia las ciudades presupone la existencia en el propio campo de una superpoblación latente constante, cuyo volumen sólo se pone de manifiesto cuando por excepción se abren de par en par las compuertas de desagüe. Todo esto hace que el obrero agrícola se vea constantemente reducido al salario mínimo y viva siempre con un pie en el pantano del pauperismo. España Por tanto, un valor de uso, un bien, sólo encierra un valor por ser encarnación o materialización del trabajo humano abstracto. ¿Cómo se mide la magnitud de este valor? Por la cantidad de “sus­tancia creadora de valor”, es decir, de trabajo, que encierra. Y, a su vez, la cantidad de trabajo que encierra se mide por el tiempo de su duración, y el tiempo de trabajo, tiene, finalmente, su unidad de medida en las distintas fracciones de tiempo: horas, días, etc. videos de modelos No podía apetecer mejor recompensa para mi trabajo que la rápida comprensión que El Capital ha encontrado en amplios sectores de la clase obrera alemana. Un hombre que económicamente pisa terreno burgués, el señor Mayer, fabricante de Viena, dijo acertadamente en un folleto publicado durante la guerra franco–prusiana, que las llamadas clases cultas alemanas habían perdido por completo el gran sentido teórico considerado como patrimonio tradicional de Alemania, el cual revive, en cambio, en su clase obrera. Madrid escorts Los hechos reales, que el optimismo de ciertos economistas pretende disfrazar, son éstos: los obreros desplazados por la maquinaría se ven lanzados del taller al mercado de trabajo, donde van a aumentar el censo de las fuerzas de trabajo disponibles para la explotación capitalista. En la sección séptima, veremos que este efecto de la maquinaria, que se quiere presentar como una compensación para la clase obrera, es, por el contrario, el látigo más cruel que azota a los trabajadores. Aquí, nos limitaremos a poner de manifiesto lo siguiente: los obreros desahuciados de una rama industrial pueden, indudablemente, buscar acomodo en otro trabajo. Pero sí lo encuentran y, al encontrarlo, se reanuda el lazo roto entre ellos y los medios de vida que habían dejado disponibles, ello se conseguirá gracias a un nuevo capital suplementario, que pugna por encontrar empleo y no, en modo alguno, gracias al capital que ya funcionaba anteriormente y que ahora se invierte en maquinaria. Y aun en este caso, el mejor de todos, ¡cuán pobres son sus perspectivas! Mutilados por la división del trabajo, estos pobres diablos expulsados de su esfera de trabajo valen tan poco, que sólo pueden lograr acceso a unas cuantas ramas de trabajo inferiores y, por serlo, constantemente abarrotadas y mal retribuidas.130 Además, toda rama industrial atrae cada año una nueva afluencia de hombres, que le suministran el contingente necesario para cubrir las bajas y desarrollarse de un modo normal. Tan pronto como la maquinaria deja en libertad a una parte de los obreros que venían trabajando en una determinada rama industrial, el personal supletorio se distribuye también de nuevo y es absorbido por otras ramas de trabajo, mientras que las víctimas primitivas sucumben en su mayor parte y se hunden en la miseria durante el período de transición.

 

La época inmediatamente anterior a la abolición de las leyes cerealistas alumbró con nuevos destellos la situación de los obreros del campo. Por una parte, los agitadores burgueses estaban interesados en demostrar cuán poco protegian aquellas leyes protectoras a los verdaderos productores de trigo. De otro lado, la burguesia industrial se encabritaba de rabia al ver cómo los aristócratas de la tierra denunciaban los abusos fabriles, con qué afectada simpatía estos distinguidos haraganes corrompidos y desalmados se dolían de los sufrimientos de los obreros de las fábricas y con qué “celo diplomático” abogaban por una legislación fabril. Hay un proverbio inglés que dice que cuando dos ladrones riñen siempre se sale ganando algo. Y en efecto, esta disputa ruidosa y apasionada entre las dos fracciones de la clase gobernante sobre cuál de las dos explotaba más desvergonzadamente a los trabajadores, contribuyó al alumbramiento de la verdad en ambos frentes. La aristocrática campaña filantrópica antifabril estaba capitaneada por el conde de Shaftesbury, alias lord Ashley. Por eso este personaje constituye, desde 1844 a 1845, un tema predilecto en las revelaciones del Morning Chronicle acerca de la situación de los obreros del campo. Este periódico, el órgano liberal más importante de la época, mandó a los distritos agrícolas enviados especiales, que no se contentaban, ni mucho menos, con descripciones generales y estadísticas, sino que, además, publicaban los nombres de las familias obreras investigadas y los de sus explotadores, los terratenientes. A continuación, reproducimos una lista de jornales correspondiente a tres aldeas de las inmediaciones de Blanford, Wimbourne y Poole. Las aldeas son propiedad de Mr. G. Bankes y del conde de Shaftesbury. masajes barcelona 160 Cuando, poco después de transcurrir el primer decenio de este siglo, Roberto Owen sustentó la necesidad de limitar la jornada de trabajo, y no sólo la sustentó teóricamente, sino que, además, implantó prácticamente la jornada de 12 horas en su fábrica de New -Lanark, esta idea fue tomada a chacota como una utopía comunista, al igual que su "combinación de trabajo productivo y educación infantil " y al igual que las tiendas cooperativas obreras creadas por él. Hoy, la primera utopía se ha convertido en la ley fabril, la segunda figura como frase oficial en todos los Factory Acts y la tercera sirve incluso de bandera para encubrir una serie de manejos reaccionarios. Barcelona chicas compañía Esta acumulación de capital va acompañada, al mismo tiempo, por un movimiento de concentración y centralización de capitales. Aunque en Inglaterra (en Irlanda sí) no existía ninguna estadística agrícola oficial, ésta se formó voluntariamente en diez condados. Y dio por resultado el que desde 1851 a 1861 los arrendamientos inferiores a 10 acres se redujeran de 31,583 a 26,597, desapareciendo, por tanto, 5,016, para refundirse con otros mayores.33 De 1815 a 1825 no tributó por el impuesto de trasmisión hereditaria ningún patrimonio mobiliario superior a un millón de libras esterlinas; en cambio, de 1825 a 1855 tributaron ya 8, y de 1856 a junio de 1859, es decir, en 4 años y medio, 4.34 Pero, como mejor se observan los progresos de la centralización es repasando rápidamente los datos del impuesto sobre la renta en el epígrafe D (beneficios, con exclusión de colonos, etc.) durante los años 1864 y 1865. Conviene advertir previamente que las rentas percibidas por este concepto tributan, a partir de las 60 libras esterlinas, por Income tax. Estas utilidades tributables ascendieron, en 1864, incluyendo Inglaterra, Gales y Escocia, a 95.844,222 libras esterlinas; en 1865, la cifra fue ya de 105.435,579 libras.35 El total de personas sujetas a tributación fue, en 1864, de 308,416, con una población global de 23.891,009; en 1865, de 332,431, con un censo total de 24.127,003. Acerca de la distribución de estas utilidades durante los dos años informa la tabla siguiente: posicionamiento web En la industria extractiva, en las minas por ejemplo, la materia prima no forma parte integrante del capital desembolsado. Aquí, el objeto trabajado no es producto de un trabajo anterior, sino regalo de la naturaleza. Es lo que acontece con el cobre en bruto, los minerales, el carbón de bulla, la piedra, etc. En estas explotaciones, el capital constante se invierte casi exclusivamente en medios de trabajo, que pueden tolerar muy bien una cantidad de trabajo suplementario (v. gr., mediante un turno diario y otro nocturno de obreros). En igualdad de circunstancias, la masa y el valor del producto aumentan en relación directa al volumen del trabajo empleado. Los creadores primitivos del producto y, por tanto, los creadores de los elementos materiales del capital, el hombre y la naturaleza, aparecen unidos aquí como en los primeros días de la producción. Gracias a la elasticidad de la fuerza de trabajo, la esfera de la acumulación se ha dilatado sin necesidad de aumentar previamente el capital constante. En la agricultura, no cabe ampliar el área cultivada sin desembolsar nuevo capital para simiente y abonos. Pero, una vez hecho este desembolso, hasta el cultivo puramente mecánico de la tierra ejerce un efecto milagroso sobre el volumen del producto. Al aumentar la cantidad de trabajo suministrada por el mismo número de obreros, aumenta la fertilidad del suelo, sin necesidad de realizar nuevas inversiones en medios de trabajo. Aquí, aparece también como fuente inmediata de nueva acumulación la acción directa del hombre sobre la naturaleza, sin que se interponga para nada un nuevo capital. publicaciones El dinero que gira con arreglo a esta forma de circulación es el que se transforma en capital, llega a ser capital y lo es ya por su destino. guia ocio alicante Bajo las condiciones de acumulación que hasta aquí venimos dando por supuestas, las más favorables a los obreros, el estado de sumisión de éstos al capital reviste formas un poco tolerables, formas "cómodas y liberales", para emplear las palabras de Eden; con el incremento del capital, en vez de desarrollarse de un modo intensivo, este estado de sumisión no hace más que extenderse; dicho en otros términos, la órbita de explotación e imperio del capital se va extendiendo con su propio volumen y con la cifra de sus súbditos. Estos, al acumularse el producto excedente convirtiéndose incesantemente en nuevo capital acumulado, perciben una parte mayor de lo producido, bajo la forma de medios de pago, lo que les permite vivir un poco mejor, alimentar con un poco más de amplitud su fondo de consumo, dotándolo de ropas, muebles, etc., y formar un pequeño fondo de reserva en dinero. Pero, así como el hecho de que algunos esclavos anduviesen mejor vestidos y mejor alimentados, de que disfrutasen de un trato mejor y de un peculio más abundante, no destruía el régimen de la esclavitud ni hacía desaparecer la explotación del esclavo, el que algunos obreros, individualmente, vivan mejor, no suprime tampoco la explotación del obrero asalariado. El hecho de que el trabajo suba de precio por efecto de la acumulación del capital, sólo quiere decir que el volumen y el peso de las cadenas de oro que el obrero asalariado se ha forjado ya para si mismo, pueden tenerle sujeto sin mantenerse tan tirantes. En las controversias mantenidas acerca de este tema se olvida casi siempre lo principal, a saber: la differentia specifica de la producción capitalista. Aquí, nadie compra la fuerza de trabajo para satisfacer, con sus servicios o su producto, las necesidades personales del comprador. No, la finalidad de este acto es explotar el capital, producir mercancías, que encierran más trabajo del que paga el que se las apropia y que, por tanto, contienen una parte de valor que al capitalista no le cuesta nada y que, sin embargo, puede realizarse mediante la venta de las mercancías. La producción de plusvalía, la obtención de lucro; tal es la ley absoluta de este sistema de producción. La fuerza de trabajo sólo encuentra salida en el mercado cuando sirve para hacer que los medios de producción funcionen como capitales; es decir, cuando reproduce su propio valor como nuevo capital y suministra, con el trabajo no retribuido, una fuente de capital adicional.7 Es decir, que por muy favorables que sean para el obrero las condiciones en que vende su fuerza de trabajo, estas condiciones llevan siempre consigo la necesidad de volver a venderla constantemente y la reproducción constantemente ampliada de la riqueza como capital. Como vemos, el salario supone siempre, por naturaleza, la entrega por el obrero de una cierta cantidad de trabajo no retribuido. Aun prescindiendo en un todo del alza de los salarios acompañada de la baja en el precio del trabajo, etc., el aumento del salario sólo supone, en el mejor de los casos, la reducción cuantitativa del trabajo no retribuido que viene obligado a entregar el obrero. Pero esta reducción no puede jamás rebasar ni alcanzar siquiera el límite a partir del cual supondría una amenaza para el sistema. Dejando a un lado los conflictos violentos cerca del tipo de salario –y Adam Smith demostró ya que en estos conflictos sale siempre vencedor, salvo contadas excepciones, el patrón–, el alza del precio del trabajo determinada por la acumulación del capital supone la siguiente alternativa: www.nightspain.com 97 "Se resistían a aceptar una jornada de más de 12 horas de trabajo, sobre todo porque esta jornada era lo único que les quedaba ya de la legislación de la república." (Rep. of Insp. of Fact. 31 st Oct. 1856, p. 80). La ley francesa de 5 de septiembre de 1856 sobre la jornada de 12 horas. edición aburguesada del decreto dado por el gobierno provisional el 2 de marzo de 1848, era aplicable a todos los talleres sin distinción. Antes de esta ley, en Francia la jornada de trabajo era ilimitada. En las fábricas se trabajaban 14. 15 y más horas al día. Véase M. Blanqui, Des Classes øuvrières en France, pendant l'année 1848. M. Blanqui, el economista, no el revolucionario, había recibido del gobierno el encargo de investigar la situación de los obreros. http://www.pisobcn.com 207 Child. Empl. Comm. V Rep. Un fabricante de Londres, que por lo demás ve en la reglamentación coactiva de la jornada de trabajo un medio de protección de los obreros contra los fabricantes y de éstos contra el comercio al por mayor, declara: “En nuestra industria, la presión proviene de los embarcadores. que te empeñan por ejemplo en consignar la mercancía en un barco de vela para que llegue a su destino a tiempo para una determinada época, embolsándose así la diferencia de porte entre el barco de vela y el vapor, o que eligen de dos vapores el primero que sale, para presentarse en el mercado forastero antes que sus competidores.”


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